Sabrina Grasso es una docente oriunda de Maciá, que actualmente vive en zona rural y trabaja en una escuela primaria de Estación Parera, en plena zona de Paraná Campaña, provincia de Entre Ríos. Todos los días debe recorrer a pie aproximadamente mil metros de camino de tierra en muy mal estado para poder llegar a la ruta del acceso norte y así salir hacia su lugar de trabajo.
"Generalmente hago ese tramo caminando, entre el campo y el barro, hasta conectar con la ruta", cuenta. Aunque desde ese punto en adelante su recorrido es sobre asfalto, ese primer tramo rural - fundamental para cualquier salida- se vuelve prácticamente intransitable cuando llueve, como reflejan las imágenes registradas en estos días.
El caso de Sabrina no es una excepción. A tan solo unos kilómetros, sobre ese mismo camino, se encuentra la Escuela rural Enrique Mihura, donde esta semana no habrá clases presenciales debido al mal estado del camino de acceso. La directora de la institución, junto a vecinos de la zona, ya han realizado reclamos en distintas oportunidades. Algunos de ellos fueron difundidos por medios locales, pero las respuestas no llegan y el problema persiste.
En esta región de la provincia, donde los tambos, las familias productoras y las escuelas rurales conviven en una misma trama, la transitabilidad de los caminos es una condición básica para sostener el trabajo, la educación y la vida cotidiana.
Cada lluvia se convierte en un obstáculo para quienes, como Sabrina, salen a trabajar desde el campo. Y para muchos otros, en un freno inevitable: los chicos no pueden asistir a clases, la producción se demora, los servicios no llegan y el acceso a la salud también se ve comprometido. Turnos que se pierden, controles médicos que no se realizan, ambulancias que no pueden entrar. Cuando los caminos se cierran, se cierran derechos básicos.
La ruralidad sigue presente, a pesar de todo.
Aunque muchas veces camina sola.
Por Rosario Perrière.
Fuente: Mundo Rural
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